Novedad

Lo nuevo siempre es lo que el público está aguardando aunque sea en la sala de espera de un aeropuerto. Como un agujero blanco del que surgen todo tipo de noblezas, en esta parte de mi humilde sitio les ofrezco lo último de mi trabajo.

Las últimas siete páginas de Julia mi primera novela y mi más preciado trabajo….

—Sí, debiste decir el mío.

—Julia, a quien quiero es a ti. Es mi amiga de 57 años.

Decidiendo si se enojaba o no —¿La que dices que está casada o, mejor dicho, juntada con un Larry o algo así? 

—Esa misma.

—Bueno y ¿que tal? ¿Buen frente?

—No.

—¿Seguro?

—Bueno sí. Pero a mí me pela porque me dio clases de escritura avanzada.

—¡Ah! ¿Sí? —Como disgustada y poniéndome la mano en el cuello.

—Sí y hablamos de Dios.

—Mmmm —Su rostro pasó de mujer dominante e irritada, a punto de poner orden, al de una mujer halagada, acorde con la situación —. Bueno —, me acarició con el dedo medio de su mano el cuello, a la par de que la presión proveniente de su extremidad, disminuía —. No te iba a hacer nada.

—Lo sé —sonreí algo medido, pero sincero.

—¿Y…?

—Ella ha viajado y leído mucho. Dice que Dios está en todos lados. Que a veces se hace de la vista gorda. Que busca que uno ame y, como fin último, que uno se vaya, supongo, al cielo.

—Vaya —Otra vez suspicaz —¿Y para eso tenías que verla?

—Es que no estabas y la verdad quería platicar con alguien del tema, y ella era la persona idónea para ello.

Ya normal —¿No te dijo nada más?

—Me dijo algo horrible.

—¡¿Qué?! —Tocándose el pecho.

–Me hizo ver que inclusive el mal anda en los templos, y muchas personas van a ellos a hacer justamente lo contrario de lo debido.

—De eso si no estoy muy segura.

Titubee un poco —La verdad no tengo ni idea.

—Mi templo es chiquito pero acogedor. Ahí voy a lo que voy. La verdad no me pongo a averiguar que hacen los demás ¿Quiéres conocerlo?

—Sí, me agradaría.

CASAMIENTO

El templo de San José de Gracia, en Guadalajara. Era un lugar pequeño, iluminado, de paredes blancas y lleno de figuras de todo tipo de santos. Sin poder faltar la figura de Jesús, la Virgen María y, por supuesto, la de José, su esposo. Como la mayoría de los templos se sentía un atmósfera de paz y armonía en su interior. Las filas de bancas de madera no eran muchas; pero, como en casi todos los templos católicos, la limpieza y todo estaba en orden. Aquí no era la excepción. Julia me llevaba de la mano jalándome ligeramente. Nos sentamos en el tercer conjunto de bancas de madera frente al altar. Con mucha entrega cerró los ojos. Junto sus manos y se dedicó a Dios como no se lo había visto hacer nunca. Ahí, en esa Iglesia, con dos o tres personas más, sentí al Señor sutil. Como un incremento en la serenidad a mi alrededor. Era una energía diferente a la usual más muy natural, apacible, lo más noble y esperanzador del ser humano se encontraba allí. Supongo, se trataba de Dios. Y Julia estaba ahí hincada pidiéndole.

Poco acostumbrado. Lento en mis movimientos. Asumí la misma posición al frente de la banca y… Algo rara vez hecho por mí, le pedí “me permitiera convivir con esa mujer el mayor tiempo posible, que nuestra amistad durara, que nuestra identidad no se desbaratara, que nuestro amor floreciera (aún cuando ya había florecido)”. No podía ver el fin de ello mi pensamiento no lo concebía. Abrí los ojos y ella me veía con una mirada apasionada-pícara y con un amor intenso.

—¡Ah! Le pediste a Dios.

—Pues… sí.

—Okey devoto ¿Ahora qué hacemos?

—Pues… la verdad he juntado un dinerito en los últimos meses. ¿Qué te parece si vamos a la playa, a Manzanillo? 

—Bueno —sus ojos se tornaron sumamente sugerentes. A la par que alzaba sus hombros como diciendo: “Qué hacer” —¡Pues hombre! ¡Vámonos! Espera un momento.

—Sí —, con rostro decaído. Sin saber si había entendido bien mi idea.

—¡Mira! Ahí viene el Padre —Para qué se acercaba, lo ignoraba. Todavía faltaba un rato para la misa. Al estar junto a mí, dos personas que habían estado rezando venían siguiendo a Julia. De pronto, comprendí. Sin darme cuenta me encontraba parado frente al altar frente a mi novia y las cada una de las dos personas se pusieron al lado nuestro. Estaba intrigado, <<¿acaso se me está escapando algo?>>, pensé.

El cura dijo: “Por el poder que Dios me concede, ante estos dos testigos, es mi deber hacerles saber que deben ser fieles el uno con el otro. Así como ayudarse, con el fin de estar en el amor de Dios… —No comprendía muy bien; pero la situación me comenzaba a inquietar —¿El novio está de acuerdo?

Quedé con los ojos redondos y la boca bien abierta. Voltee a ver a Julia. Quien me hizo entender que NO HABÍA DE OTRA y debía responder –. Sí… —Tragando saliva.

—¿La novia está de acuerdo?

Con una sonrisa abarcaba su rostro de lado a lado —¡Sí!

Con Juan Álvarez y Liduvina Gómez como testigos. Procedo por la voluntad y el gran amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo declarándolos marido y mujer.

Me quedé helado. Ni ofendido ni feliz. <<¡Dios mío! ¡¡¿Y ahora qué?!!>>, pensé.

—¿Qué espera Hugo? Puede besar a su esposa.

Dudando en si proceder o no me mostraba bien trabado. Pese a ello, Julia tomó la iniciativa. Me agarró fuerte de mi muñeca izquierda. Me jaló y me dio tremendo beso. Ahí, caí muerto.

PATRIARCADO

47 días después, tras ir a Manzanillo, íbamos rumbo a uno de los tianguis más grandes de Guadalajara. Con poco menos de tres kilómetros cuadrados de extensión. En él hay desde pinzas para radiador hasta animales exóticos. Algo no compartido por mí, por estar bastantes en peligro de extinción. Salimos del tren eléctrico y nos pusimos a caminar entre los puestos. Hasta encontrar donde vendieran caldo de mejillones y nos dimos un gran atracón. Después pedimos un cóctel de pulpo para celebrar el arribo reciente a Marte de la sonda Tranquility. En honor a la añeja novela de H. G. Wells, La Guerra de los Mundos. Al poco rato, casi para terminar mi porción, me acordé de algo que había leído y se lo comenté.

—¡Ujumm! Julia…

—¿Qué pasa?

—Oye. He estado revisando todo tipo de textos y materiales estos días. La verdad si Dios une a las parejas; no me ha quedado claro cómo.

Ella se sonrojó —. Hugo, la verdad no creo que una ceremonia por discreta o grande que sea pueda unir a las personas. Me quería casar contigo y me salió de impulso ¿Te arrepientes?

—No. Quiero estar contigo. Sentí un susto tremendo; pero estoy muy feliz.

Masticando un pedazote de pulpo —pues sí —¡Chump, Chump! —Así es, ¡te tengo en mis garras! —Me lo dijo como una esposa le dice a su marido.

—No pues sí, ni modo… ¿verdad?

Poniéndose seria y atenta —¿Cómo que: «verdad»? 

—Sabes… revisé —con rostro de inconforme.

—¡Aaaaaah! Revisaste ­—. Intentando no cambiar la expresión.

—Sí ¡Son cuatro!

Pretendiendo no entender —¿Cuatro qué?

—¡Cuatro testigos, no dos!

No sabiendo como reaccionar, sus ojos se pusieron acuosos y volteó hacia un lado para evitar la vergüenza —. Hugo… yo…

—¿Sí?

Volviendo su rostro más hacia mí. Queriendo rascarse el ojo derecho —. No te lo iba a decir… Nos casamos sin estarlo.

—¡Qué!

Volteando al frente tratando de mostrar fortaleza al hablar. Pese a seguir con los ojos húmedos y la voz entrecortada por momentos —Quiero estar contigo. No pretendo que te cases conmigo. Pero deseo que te sientas feliz de estar junto a mí. Leí… a los hombres les agrada tener como esposa a su pareja; pero suelen rechazar la idea. Me la paso bomba contigo. Sé no necesitar gran cosa para sentirnos bien; pero… —casi llorando, pero sonriendo —¡Chico! Me la paso tan bien, que pensé, después del susto, estarías super a gusto…

—¡¡Cómo!!

Ya normal sin la humedad en su rostro. Decidida a expresar su punto de vista —¡Funcionó…! ¡Manzanillo funcionó!

—¡Aaaay Julia! ¡Calma! Me estoy recuperado del susto. Pensé que creías en Dios. Se exige casarse para unirse «en las carnes…» —Sonriente, para consolarle, y encantado por la treta —. Me encanta tu creatividad pero si ya lo ibas a hacer, ¿por qué no casarnos de verdad?

—Porque me encantas Hugo ¡Se me antojó!

—Me intrigas.

—Me arriesgué. Pero no me quería perder el gusto de hacer algo diferente y ver si te gustaba.

—¿Por qué no nos casamos de verdad?

—Porque no me quiero casar contigo. Me aventuré para ver si te podía hacer disfrutar algo lindo —. Aspirando levemente —. Cuando Dios une en el alma… uno… uno… ya está casado.

Ahora, volteando de lado; pero sin poder evitar ponerme serio —¡Vaya! —Volviendo mi mirada al lugar de inicio —Me lo supuse. Por algo te siento todo el tiempo…

Encogiendo los hombros y con las manos ligeramente abajo del cuello, pretendiendo no mostrar su rostro de pilla, expresó con voz grave —Dios dijo que sí.

—Entonces… ¿qué sigue?

—¿Te quieres casar?

—Realmente no. Después del susto ese no quiero repetir la experiencia.

—¡Ja, ja! Yo tampoco —. Pero te tengo.

Con la misma expresión de no serio —¡Ajá…! —Pretendiendo darle el avión —¿Y ahora qué hacemos?

Recargando el codo de su brazo izquierdo en la mesa y sosteniendo su cabeza con la mano —No sé, ¿vivir?

Normal, pero contento —Me imagino, Julia… ¿Quiéres saber lo que descubrí?

Sonriendo con ojos de amor con una mezcla de interés y pasión —¿Qué?

—Dios está en todas las religiones y, muy probablemente, es el mismo Dios. Hay varias versiones pero inicialmente se piensa que él y la Tierra surgieron al mismo tiempo. Aunque en otras versiones se menciona sólo a la Tierra.

—¡Vaya! —. Sorbiendo el popote de fibra de maguey de su refresco.

—Eso quiere decir que, probablemente todo, o lo inicial, fue creado por ella. Tal vez nuestra realidad se dio por ella. Se dice que la Tierra es todo el Universo; pero también podría ser nuestro planeta. Eso no lo sé.

—Es el planeta.

—¡Aaah! —Un poco decepcionado de mí, me envalentoné y seguí —. ¿Sabes que posiblemente hubo riñas entre los dioses primigenios, y que el Dios griego Urano, probablemente esté relacionado con el planeta del mismo nombre?

—S…

—¡…Espérame! Sabías que prácticamente todos o bastantes dioses tienen broncas con la Tierra.

—Eso no lo sé; pero lo que si sé es que los humanos, dioses o no, deben de hacer algo para ayudarle.

—Sí.

—Está viva.

—Uju…

—Está científicamente comprobado. Acaban de descubrir que el núcleo del planeta es similar o igual al Sol. Por cierto, ¿quién es Dios?

—Cupido en su versión más noble.

—¡Ah…! Eso lo pongo en duda.

—Pues hay que descubrirlo, ¿no?

—¿Quieres ir a un templo budista?

—¿Quieres?

—Dicen que ahí se unen las almas de los que creen en Buda —. Con la mirada de ¡qué le vamos a hacer! Poniendo las manos arriba, con las palmas extendidas a la altura de mi cabeza.

—¡¡Pues vamos!!

No sé cuanto tiempo llevamos juntos Julia y yo. La cuenta del tiempo se me escapa de las manos. Tampoco sé cuántas veces nos unimos como pareja. No se ha ido. Nunca nos hemos faltado al respeto. Nunca me ha aburrido. Nunca me ha dejado de quitar el susto en la cama cuando menos lo espero. Nunca nos ha dejado de ir bien. No tuvimos hijos, lo cual llegamos a considerarlo. La pasamos tan bien que nadie se atreve a decir nada para no estropear nuestra amistad. Sólo, puedo afirmar, un par de veces nos preguntaron por separado sobre nuestra relación unos matrimonios «felices», y admito que dijimos que era difícil para nosotros el seguir juntos, pero lo hacíamos por cariño. Mentimos: es por amor. Por cierto, seguimos averiguando quién es Dios, pero no hay duda él está ahí.

Ciertamente, vivimos en un patriarcado…

… No es cierto.

F I N